
Debbie Waymouth no entiende la vida sin caballos. A sus 69 años, esta australiana sigue compitiendo y ganando para la preparación de su hija. Tras superar una dura caída y una difícil recuperación, Waymouth volvió a las pistas con más fuerza que nunca.
Decía Bertol Brecht que hay hombres que luchan un día y son buenos. Que, hay otros que luchan un año y son mejores. Pero qué también los hay que luchan muchos años y son muy buenos. Y, finalmente, están los que luchan toda la vida. Esos son los imprescindibles. Debbie Waymouth está en este último grupo.
Nacida en la década de los 50 en el marco de una familia australiana vinculada al turf, comenzó como galopera cuando tenía sólo doce años. Con dieciocho, consiguió su primera licencia como jockey. Sin embargo, mientras a sus hermanos Bill y Butch Londregan se les permitía competir como profesionales en vallas, Debbie veía limitadas sus actuaciones a las carreras de amateurs o ladies; carreras que sólo se disputaban una vez al día y siempre al final del programa.

Como la propia Waymouth recuerda, en los sesenta y setenta las mujeres no tenían permitido esos de ser jockeys. Sin embargo, todo el apoyo que le fue denegado por la sociedad, le fue dado por su familia. “Quality Control”, el primer ganador de Debbie, era entrenado por su marido. Corría el año 1975 y Waymouth celebraba su segunda temporada como jocketa.
Tras éste vendrían muchos más, aunque es difícil llevar la cuenta, pues Waymouth lleva 51 temporadas en liza. Según la base de datos de racing.com, la australiana cuenta con 146 victorias. Pero, muy probablemente, ese número se aleje de la realidad; pues la web sólo recoge datos desde 1989. Racing&sports habla de 197 ganadores.
Sea como fuere, Waymouth lleva cinco décadas dando guerra. En 1989 se convirtió en la primera mujer en ganar la Balnarning Cups.
Pero el camino de la australiana no ha estado falto de dificultades. En 2022, cuando contaba con 66 años de edad, sufrió una importante caída que le tuvo tres días en coma. Además, se fracturó nueve costillas, el esternón, se le colapsó un pulmón y sufrió un hemotorax. Hasta su entorno pensó que aquello era una señal para colgar las botas. Pero Waymouth no lo vio así. Tras una larga recuperación, la jocketa volvió a la pista. La propia Debbie comentaba, entre orgullosa y divertida, que según sus médicos, su rápida recuperación se debía, en gran parte, a su gran estado de forma como jocketa.

A día de hoy, Waymouth trabaja por las mañanas en la cuadra de su hija y preparadora Rebecca. Y sus competiciones se limitan a los llamados “picnics”, unas carreras restringidas a amateurs, con premios más humildes y caballos más modestos. Reciben su nombre de la atmósfera que crean en el hipódromo; ya que estas competiciones permiten a los espectadores acudir al recinto con ropas más informales, celebrando sus propios picnics en el césped mientras disfrutan del espectáculo.
La relación entre Rebecca y Debbie sólo puede definirse como de simbiosis. Debbie montó el primer partant y ganador de su hija. Y, por su parte, la preparadora sigue animando a su madre con buenas montas. El pasado marzo, Rebecca ensilló “Miss Mocha” en un modesto maiden. La carrera, disputada sobre 1.600 metros, es, hasta el día de hoy, la última victoria como jocketa de Debbie Waymouth.
Tras un parón durante el invierno australiano, este mes de octubre supone el inicio de la competición de los “picnics”. Y, en la línea de salida estará, por quincuagésimo segundo año consecutivo, Debbie Waymouth. En una entrevista a televisión, la longeva jocketa admitía no sentirse vieja e, igualmente, confesaba que continuaría compitiendo siempre que pudiese montar bien y mantener las opciones de su caballo. Y es que parece que, a sus sesenta y nueve años, Debbie Waymouth no tiene intención de colgar las botas.

