
La hípica moderna no puede entenderse sin el apellido Whittaker. John, el patriarca de la saga, es recordado por sus éxitos con el mítico “Milton”. Pero antes del poderoso tordo, un pequeño caballo cruzado de nombre “Ryan’s Son” obligó al joven John a dejar su trabajo como lechero para convertirse en una leyenda de la equitación.
Empecemos con un juego. Le damos el nombre de un jinete famoso y usted nos nombra el primer caballo que le venga a la mente. Rodrigo Pessoa y “Baloubet du Rouet”. Eric Lamaze y “Hickstead”. O Eduardo Álvarez Aznar y “Rockefeller de Pleville Bois Margot”. Si le digo John Whittaker probablemente usted me conteste, al instante, “Milton”. Pero el hijo de “Marius” no fue ni el primer ni el más decisivo compañero del patriarca de los Whittaker. Ese honor recae en un pequeño caballo, de apenas 1,63 de alzada, de nombre “Ryan’s Son”.
Cruce de un semental PSI y una yegua de tiro irlandesa, “Ryan’s Son” no tenía un gran físico para el salto. De hecho, el caballo parecía más un ejemplar de tiro ligero. Y, probablemente, esa fue la finalidad con la que lo compró Malcom Barr a John Whittaker. En aquella época, aunque los Whittaker competían en salto de obstáculos, lo hacían como hobby. Pues su verdadera profesión era la de lecheros. Guiando a caballos de tiro ligero, John y sus hermanos repartían la leche entre sus vecinos para poder ganarse el jornal. Y, como más tarde admitiría el propio John Whittaker, si “Ryan’s Son” no hubiese llegado a su vida, probablemente habría seguido trabajando de lechero y nunca hubiese sido jinete.

Corría el año 1973. John Whittaker contaba con 17 años de edad y, “Ryan’s Son”, con seis. Algo tuvo que ver el bueno de Barr (a la postre suegro de Whittaker) en aquel poco agraciado caballo, pues pagó la nada desdeñable cifra de 2,500 libras por él (hoy, unas 38.000 libras). Y no se equivocó.
Pese a la juventud e inexperiencia de ambos, Whittaker y su cruzado arrasaron en todos los concursos locales. Los buenos resultados animaron al padre de John a inscribirles en el Great Yorkshire Show, el concurso más importante de la región y al que acudían las primeras espadas del país. El primer día no fue nada bien, y el binomio abandonó la pista con 20 puntos en el casillero. La mala prueba desanimó enormemente a un John adolescente hasta el punto que quiso abandonar. Pero su padre no le dejó. Al día siguiente, John y “Ryan’s Son” ganaron la prueba por delante de jinetes más experimentados y caballos con mejores aptitudes.
Tras ésta vinieron más de cien victorias. Para 1984, “Ryan’s Son” había ganado más de 200.000 libras en premios (unas 800.000 libras actuales) convirtiéndose en el primer caballo británico que alcanzaba esta cifra y manteniéndose durante diez años como el caballo de Reino Unido con más ganancias en pista.
Entre sus triunfos, destacaron sus tres platas en Europeos (una de ellas, individual) su plata en los Juegos Olímpicos de 1984 o su bronce en los Mundiales de 1982. No pueden olvidarse tampoco las victorias en el Derby de Hickstead o el King George V; ambas alcanzadas en 1986, cuando el caballo contaba con 17 años de edad.

Precisamente y sólo un año después de estas victorias, la dura pista de Hickstead pondría fin a la exitosa vida de “Ryan’s Son”. El cruzado de Whittaker no pudo completar el recorrido al batir y tropezarse con uno de los elementos fijos. Sin embargo, la caída no parecía de entidad y ambos abandonaron la pista sin mayores consecuencias. Pero, unas horas después, “Ryan’s Son” colapsaba en su box y moría. Según los informes de la época, el fatal desenlace debió producirse por una hemorragia interna fruto de la caída previa.
Pero su trágica e inesperada muerte no apagó la estela de “Ryan’s Son”. En 2007, fue incluido en el Hall of Fame de la British Horse Society Equine (BHSE) Y, en 2020, Country Life lo incluyó en su lista de los caballos más exitosos de todos los tiempos.
Pero, también, “Ryan’s Son” será siempre recordado como un caballo que, cuando recibía el aplauso del público tras enfrentar con solvencia una difícil combinación o al acabar brillantemente un recorrido, daba un bote de alegría. Un ejemplar que, durante catorce años, fue montado con una cabezada y filete simple. Embocadura que, además y durante en los últimos años, estaba rota.
Tras él, vendrían otros grandes ejemplares en la vida de John Whittaker como “Milton” o “Argento”. Caballos que le hicieron ganar catorce medallas en Campeonatos de Europa (cuator de ellas, de oro) o cinco metales en mundiales. Pero el bueno de John nunca podrá olvidar que todo empezó con un caballo que tiraba el carro del lechero.

