Cuento de navidad: Harry deLeyer y “Snowman”

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Fuente: FilmRise

Hoy, 25 de diciembre, queremos celebrar la festividad con un cuento de navidad muy especial. Aquí tenéis una historia real, la historia del jinete Harry deLeyer y su caballo “Snowman”.

Invierno de 1956. New Holland (Pennsylvania, EEUU). La mirada cansada pero noble de un caballo y los ojos brillantes de un jinete ambicioso se cruzan. Estos segundos cambiarán la vida de ambos para siempre y la historia del la hípica en Estados Unidos.

Harry deLeyer nació en Holanda en 1927. Con 2 años ya montaba a caballo, con 7 empezó a concursar y, con 15, ya tenía su propio grupo de alumnos. Harry era un talentoso jinete que llegó a ser incluso suplente del equipo olímpico holandés en 1948. Pero todo se truncó con la Segunda Guerra Mundial.

En algún momento de la contienda, unos paracaidistas estadounidenses aterrizaron enfrente del negocio familiar de los deLeyer. Antes de llegar al suelo, uno de ellos fue abatido por las tropas nazis. La familia deLeyer fue a socorrerle pero, desgraciadamente, lo encontraron muerto. Al estar tan lejos de su casa, los deLeyer se ocuparon de su entierro, comprando flores, un ataúd y una lápida. Como agradecimiento, la familia del soldado fallecido envió a los deLeyer unos billetes pagados para viajar a Estados Unidos y huir de la posguerra. Harry deLeyer, que en aquella época contaba con 23 años, decide hacer las maletas y empezar una nueva vida con su esposa Johanna. Entre ambos, apenas contaban con 150 dólares en sus bolsillos.

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Tras llegar a tierras estadounidenses, deLeyer comienza a trabajar en una plantación de tabaco. Sin embargo, los caballos seguían siendo su pasión. Mike Walsh, uno de los preparadores más prestigiosos de caballos de carreras de la época, al coincidir con deLeyer, le propone perseguir su sueño e intentar hacerse un hueco en la hípica.

Siguiendo los consejos de Walsh, cuando los deLeyer juntan unos pocos ahorros, deciden hacer las maletas de nuevo y se instalan en Long Island (Nueva York). Allí deLeyer se presenta a una vacante de profesor de equitación en la Knox School; una escuela de élite para señoritas. Tras realizar las correspondientes pruebas, deLeyer firma un contrato de un año. Permanecerá allí durante 22 cursos.

Un buen día de 1956, deLeyer decide coger su camión y viajar hasta New Holland (Pennsylvania), donde se celebraba una feria de caballos. Su idea es adquirir algún animal barato y noble, para las clases de principiantes. El destino quiere que deLeyer pinche una rueda y llegue demasiado tarde a la subasta.

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Cuando el camión del joven holandés se para, ya no quedan caballos ni compradores. Un empleado de una fábrica de comida de perros está subiendo al último camión a aquellos caballos que no han encontrado comprador. Serán mandados al matadero. DeLeyer observa a estos animales y, de repente, su mirada se cruza con la de un ejemplar tordo.

Recuerdo ver sus ojos y pensar: éste parece bueno y tranquilo. Vamos a darle una oportunidad.” contaba deLeyer a una periodista de CNN. Esa decisión cambiaría la vida de ambos. DeLeyer pagó 80 dólares: 60 por el caballo y 20 por el transporte.

Desde luego, el jinete holandés tuvo una corazonada, pues el caballo se encontraba en un estado pésimo: con una sola herradura, muy delgado y sucio y con una cicatriz en el pecho de tirar de algún tipo de carro o artilugio para la agricultura. El animal, que tan sólo contaba con 8 años de edad, debía ser algún cruce de Quarter Horse, Morgan y caballos de tiro. Hasta ese momento había sido usado como caballo de campo por una comunidad Amish.

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Al llegar a su nuevo hogar, el caballo tordo se convierte en el favorito de los alumnos y, muy especialmente, de los 8 hijos de los deLeyer. El caballo se dejaba hacer de todo por los pequeños: daba igual que le tiraran de sus crines, tocaran sus orejas o se pasearan por debajo de él, el tordo parecía una estatua. Los hijos de Harry deciden bautizarle como “Snowman”, en honor a las primeras nieves que caen cuando el animal llega a casa en el invierno de 1956.

“Snowman”, probablemente acostumbrado a malos tratos y un trabajo duro y desagradecido, encuentra en Knox School una nueva vida. Colmado de mimos, zanahorias y buenos tratos por todos, el caballo responde con una disposición total.

Pese a su tamaño (hay que recordar que estaba cruzado con caballos de tiro), “Snowman” es el animal ideal para dar clase con los niños más pequeños. El caballo nunca tuvo un feo con ninguno de sus múltiples jóvenes jinetes.

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“Snowman” con los 6 de los 8 hijos de Harry DeLeyer en la playa

Sin embargo, deLeyer es un hombre de palabra y tiene una deuda pendiente. Hacía un par de meses, Harry le había prometido a un vecino y amigo suyo la venta de un buen ejemplar. Desgraciadamente, deLeyer se olvidó de aquella promesa y terminó vendiendo el caballo a un tercero. En compensación, el jinete holandés le prometió a su amigo que, en cuanto tuviese un buen caballo, iría para él. Y ese buen caballo era “Snowman”. Harry lo vendió por 160 dólares a los pocos meses de llegar a su casa.

Pasados un par de días desde la venta, DeLeyer advirtió que había un caballo tordo en la puerta de su finca, esperando para entrar. Aquel caballo era, sin duda, “Snowman”. “Pensé que habían dejado la puerta de su cercado abierta; así que llamé a su propietario“, recuerda DeLeyer. Pero nada más lejos de la realidad: “Snowman” había saltado una valla de algo mas de 1,50m y había recorrido cerca de 10km para volver al que él consideraba su único hogar. 

Su dueño me pregunto que qué podía hacer. Le dije que pusiera una valla más alta, con alambre al final. Dos días después, “Snowman” estaba de nuevo en mi cuadra. relataba divertido DeLeyer en el documental “Harry y Snowman”. “Snowman” vuelve, por tercera vez, a la finca de su actual propietario. El dueño, agudizando el ingenio, decide atarle un neumático a su ronzal. “En principio, era una buena idea. Con el neumático podía comer, pasear… pero, en teoría, no podía saltar.” reflexionaba DeLeyer. Sin embargo, pasados unos días, “Snowman” aparece, de nuevo, frente a DeLeyer. “Y traía un neumático consigo”.

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DeLeyer decide comprar de nuevo a “Snowman” y toma una decisión: nunca volverá a venderlo. La familia DeLeyer cree que “Snowman” es consciente de que Harry le salvó de una muerte segura y quiere agradecerle ese gesto con una lealtad sin límites. Pero, además, esta anécdota le aporta a DeLeyer un nuevo dato interesante sobre el animal: podía saltar. Y mucho.

En el invierno de 1957 Harry comienza el entrenamiento con “Snowman”. El caballo parecía saltar todo lo que le ponían por delante. Apenas unos meses después, Harry decide probar suerte en un pequeño concurso local, en Long Island. “Snowman” y Harry debutan y ganan.

Después de esta buena experiencia, DeLeyer decide arriesgar y prueba suerte en el Sands Show, un concurso de nivel nacional. De nuevo, el binomio se hace con el triunfo. El tercer concurso (y la tercera victoria consecutiva) se produce en el Ox Rige Hunter Show (Connecticut), considerado el concurso más complicado de todo el circuito estadounidense.

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El binomio decide cerrar el año en el Madison Square Garden Diamond Jubilee, la prueba más prestigiosa del calendario nacional. El concurso del Madison Square Garden no sólo atraía a los mejores jinetes del país, sino que también era un evento fundamental para la alta sociedad de la época. En ese ambiente, Harry y el noble “Snowman” llaman la atención: entre tanto lujo y caballos con papeles de élite, destacan las figuras de un inmigrante holandés sin recursos y su caballo de tiro. Las risas que levantan en la zona de calentamiento se tornan en muecas de asombro cuando Harry y “Snowman” pisan la pista. Ambos logran hacerse con la prueba en su primer año en la alta competición.

El binomio cierra el año conquistando la triple corona: a la victoria en el Madison Square Garden se suman los títulos de Caballo del año por la Federación Ecuestre Estadounidense y el título de campeón de la asociación profesional de jinetes.

En 1959, en su segundo año en la élite, Harry y “Snowman” mantienen la condición de invictos. De nuevo en Madison Square Garden consiguen una hazaña única en la historia del show: se convierten en el primer binomio en ganar la prueba durante dos años seguidos. Para Harry, su relación con “Snowman” se resume de la siguiente manera: “Cada caballo es diferente y cada jinete es diferente. Es como encontrar la llave que abre una cerradura.”

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Harry DeLeyer y “Snowman” en su primera victoria en Madison Square Garden

La historia de Harry y “Snowman” (rebautizado como el Cinderella Horse) se extiende como la pólvora y su fama transciende fronteras. Son invitados a Europa, a las Bermudas, aparecen en los programas televisivos más importantes de la época, los colegios organizan viajes a las cuadras de DeLeyer para conocer a “Snowman”...

En aquella época Harry tenía claro que nada paraba a su amigo tordo. Podían saltar lo que se propusieran. Los concursos de salto aburren al jinete holandés y éste busca nuevas metas para su caballo.

DeLeyer organiza shows de saltos donde “Snowman” realiza saltos imposibles, como saltar sobre otros caballos. Además, ambos igualan y superan el récord de altura de Estados Unidos, al superar la barrera de los 2,39m (y quedarse muy cerca del récord mundial, fijado en 2,42m). 

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Harry y “Snowman” superando la barrera de los 2,39m. Harry suelta las riendas a su amigo para que éste busque la mejor colocación

Pero “Snowman” no era sólo un caballo de salto de élite; era un miembro más de los DeLeyer. Pese a competir al más alto nivel, el tordo seguía mostrando un carácter magnífico. Sin ir más lejos, en un prestigioso concurso “Snowman” ganó la prueba grande con Harry y, unas horas antes, ayudó a uno de los alumnos menores de 7 años a ganar su pequeña prueba.

Además, “Snowman” era el amigo preferido de los 8 hijos de los DeLeyer. Con él iban a la playa, le enganchaban un trineo en las épocas de nieve, lo usaban sus hijos para ir a la tienda de caramelos…Era un caballo especial. Tenía un carácter especial. Siempre se portaba bien, siempre intentaba agradar a su jinete” recuerda su viejo amigo Harry. “Snowman era más que un caballo para mí, era mi mejor amigo. La mayoría de la gente vive toda su vida sin tener un amigo como Snowman“.

Las ofertas por “Snowman” se acumulan en la mesa de Harry. Bert Firestone, conocido agente inmobiliario, llega a entregarle un cheque en blanco. Pero el caballo tordo nunca abandonará a los Deleyer. No podía venderlo. “Snowman” me lo dio todo y, todavía, me lo sigue dando” razonaba DeLeyer, en 2016.

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Marca de la casa: el característico salto sobre otro caballo

Sin embargo, y pese a ser “Snowman” un caballo todavía joven, los malos tratos del pasado se hacen notar y el tordo, poco a poco, baja su nivel. En 1960 pierden sus primeras pruebas y sólo consiguen ser segundos en Madison Square Garden. En 1962, apenas consiguen el tercer puesto en su prueba fetiche.

En 1969, Harry decide retirar a su amigo. El homenaje de despedida se llevó a cabo, como no podía ser de otro modo, en la arena del Madison Square Garden: “Cuando salimos a pista, “Snowman” iba buscando los obstáculos. En principio, estaba programado que diésemos sólo una vuelta. Tuve que dar varias más, porque la gente no dejaba de aplaudir”.

Harry decide que “Snowman” merece no volver a trabajar nunca más y, desde el día de su retiro, “Snowman” vivirá en las instalaciones de los DeLeyer.

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Harry, Johanna, Snowman y los 8 hijos del matrimonio. La familia al completo

El gran “Snowman”, el caballo cenicienta, fallecerá en 1974. Con 26 años, la salud del campeón se deterioraba por momentos y los DeLeyer deciden dormirle. Harry no quería estar presente. Pero “Snowman”, consciente de que aquél era su final, no quería salir del box. Todos los miembros de la familia DeLeyer y todos los trabajadores de las cuadras empujaron para sacarlo de su cuadra, pero el tordo permanecía inmóvil. Al final, Harry apareció y “Snowman”, sin ayuda de nadie, siguió a su amigo. DeLeyer recuerda aquel día como “el más duro de mi vida.”

Elizabeth Letts, autora del libro “The Eighty Dollar Champion” admitió, tras entrevistar a DeLeyer, que: “el vínculo entre Harry y “Snowman” sigue ahí. Puedes verlo en las lágrimas de Harry cuando habla de su caballo.”

Para Harry, su amigo sigue con él: “Todavía está conmigo, estará en mis pensamientos para el resto de mi vida. Pienso en él todos los días. Snowman era mi mejor amigo. Sus fotos están todavía en mi habitación. Snowman aparece cuando duermo y todavía vive en mi corazón.

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Hoy en día, los restos de “Snowman” reposan en las cuadras de los DeLeyer. El box del caballo sigue vacío y una pequeña placa recuerda el lugar donde “Snowman” fue enterrado. Harry DeLeyer, que en la actualidad cuenta con 92 años, todavía se emociona al pasar por ese trozo de su finca. Y es que el gran caballo tordo cambió la vida de Harry: “soy feliz cada día desde que él llegó a ella.”

La vida sin “Snowman” fue dura, pero Harry siguió luchando por su sueño: ser el mejor jinete posible. Hasta los años 80 (cuando DeLeyer tenía más de 60 años de edad) siguió saliendo a la pista. Su competitividad y carisma le hicieron ganarse el sobrenombre de “el abuelo galopador” y, allí donde iba, conquistaba inmediatamente el aplauso del público.

En 1979 Harry (con muchos menos medios que la mayoría de jinetes profesionales) volvió a Madison Square Garden y no sólo se hizo con la victoria, sino que, además, volvió a hacer historia: ningún jinete había logrado doblar el triunfo con más de 20 años de diferencia. El video de su prueba resume perfectamente cómo es Harry: tras un desempate de infarto, Harry cae del caballo al finalizar el recorrido. El jinete se queda estribado y el caballo lo arrastra unos metros. DeLeyer consigue soltarse e, inmediatamente, se pone de pie para celebrar su triunfo.

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Los DeLeyer, una familia hípica. Harry con sus 8 hijos

Harry DeLeyer sigue siendo, a sus 92 años, un hombre de caballos (“Tengo una conexión con ellos…y ellos conmigo“, admitía en 2016). En el momento de filmar el documental “Harry y Snowman”, cuando el veterano jinete holandés contaba con 88 años, todavía seguía ocupándose de su hípica: “la gente me pregunta, ¿por qué lo sigues haciendo? ¿Por qué sigues montando? ¡Porque lo amo! ¿Retirarme? Es una broma, ¿no?. No voy a retirarme mientras no dañe a ningún caballo ni al deporte de la hípica.

Sin embargo, la vida de Harry DeLeyer no fue un camino de rosas: en los años 70, una de sus hijas pasó 6 semanas en coma tras caerse de un caballo. Este accidente le costó su matrimonio: Johanna le pidió el divorcio tras pedirle a Harry que eligiese entre sus caballos y su matrimonio. Además, sus hijos siempre han considerado que el jinete holandés era muy duro con ellos: Su filosofía era: si tú tienes hambre, tu caballo también. Y él come primero, recordaba uno de sus vástagos. Todos los hijos del matrimonio DeLeyer concursaron en hípica. Pero para los pequeños DeLeyer aquello era mucho más que un hobby: “éramos su publicidad. Si nosotros no lo hacíamos bien la gente pensaba, ¿cómo va a ser un buen profesor si no sabe ni enseñar a montar a sus hijos?. Uno de mis hermanos, al pasar a la categoría adulta y tener que enfrentarse a mi padre, tuvo que dejar la competición. No podía con la presión”, recordaba una de las hijas de Harry.

Por si todo ello fuera poco, en los años 70, mientras Harry estaba de concurso, su hípica sufrió un incendio. Aunque ninguno de los 60 caballos estabulados sufrió daños, todas las instalaciones (incluida la pista de galope, la pista de concurso, los prados…) quedaron hechos cenizas. Para Harry fue un golpe muy duro: no sólo había trabajado toda su vida para levantar aquellas instalaciones de lujo sino que, además, en gran parte habían sido pagadas con el esfuerzo de “Snowman”.

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DeLeyer, montando con 88 años

Hoy en día Harry sigue vinculado a la hípica como profesor y propietario de su propia escuela y la leyenda de “Snowman” sigue todavía muy viva: en 1992 el caballo entró en el United States Show Jumping Hall of Fame. El caballo cuenta también con dos figuras de la popular marca Breyer. Y, además de contar con tres libros que narran su historia, la amistad de este binomio quedó inmortalizada en el documental del año 2016 titulado “Harry y Snowman”.

 

 

 

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