“Touch of Class”, una yegua de carreras que alcanzó la gloria olímpica

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“Touch of Class” volando sobre un fondo en Los Ángeles’84 | Fuente: Alice Conroy Donovan

“Touch of Class” (ex- “Stillaspill”, “Yankee Lad” y “Kuwall” por “Cornwall”) nació en 1973 y, como toda buena purasangre, su destino estaba marcado y debía brillar en los hipódromos. Tras varias salidas sin colocarse, fue dando tumbos hasta cruzarse en el camino de Joe Fargis. A partir de ahí, todo es leyenda.

Decía el bueno de John Lennon (Aunque yo soy más de Sir McCartney, ahora que vivo en Liverpool, mi beatlemanía crece diariamente de forma exponencial) que “la vida es lo que pasa mientras estás ocupado haciendo otras cosas“. Y aunque todos (o casi todos) los proverbios y fases famosas se hacen pensando en humanos, esta gran verdad puede aplicarse perfectamente a la vida de “Touch of Class”.

Para empezar, “Touch of Class” no nació sabiendo que iba a destinarse al salto. Ni tan siquiera se llamaba “Touch of Class”. La hija de “Yankee Lad” y “Kuwall” (por “Cornwall”) fue bautizada con el poco atractivo nombre de “Stillaspill”. Corría el año 1973.

Como todo todo buen purasangre, y tan pronto como fue posible, fue mandada a un hipódromo. Entre algún momento indeterminado entre 1975 y 1980, la pequeña yegua (apenas superaba el 1,60m de alzada) disputó seis carreras, sin colocarse en ninguna.

Touch of Class (horse) Touch of Class registered name Stillaspill The Thoroughbred
“Touch of Class” con Debbie O’Connor

Cuando se agotó la paciencia, el dinero o ambas cosas de sus por entonces dueños, la pusieron en venta. Y, como muchos purasangres de la época, las hípicas y jinetes de salto o concurso completo eran su salida natural.

“Touch of Class” pasó unos cuantos meses dando tumbos, de propietario en propietario. Se desconocen todos los nombres y cifras de estos canjes, pero se sabe que nunca se vendió por más de 15.000 dólares. 

La yegua debía tener un carácter difícil y ser muy sensible. Su pequeña alzada no ayudaba tampoco. En los años 80, la moda en el salto obligaba a construir esfuerzos enormes y aislados. A los caballos no se les exigía la flexibilidad o reunión que necesitamos hoy en día para afrontar los técnicos recorridos; sino que se pedían caballos grandes, enormes, que pudieran saltar los auténticos muros que formaban parte de aquellas pruebas.

En 1980 la yegua era propiedad de Janet Noni y era montada, en niveles intermedios, por Debie O’Connor. O’Connor se desplazó a Florida, en algún momento de 1980, para disputar un nuevo concurso. Allí conoce a los jinetes Joe Fargis y Conrad Homfeld, ambos deportistas de primer nivel.

Touch of Class and Joe Fargis at the 1984 Olympics
Fuente: Tish Quirk

Homfeld y, muy especialmente, Fargis, empiezan a ver en aquella nerviosa yegua lo que nadie había visto antes: clase, mucha clase. Ambos asesoran a O’Connor durante un tiempo sobre cómo mejorar la manejabilidad y monta de “Touch of Class”. Pero una lesión aparta a O’Connor de la hija de “Yankee Lad” y, tras otro intento infructuoso de venta, Fargis da un paso adelante y forma un sindicato para adquirir a la purasangre.

Nadie entendía qué pudo ver Fargis en aquella diminuta yegua de hipódromo. Aunque es verdad que en aquellos años era más común ver a ex-corredores disputando pruebas de salto, “Touch of Class” no era precisamente una super clase. Sin embargo, Fargis pudo ver o notar que aquel animal tenía mucho que decir. Sólo necesitaba un jinete que la entendiera, una mano sensible en su boca y grandes dosis de paciencia y sangre fría.

Los resultados no tardaron en llegar. En 1981, su primer año compitiendo en Gran Premio, el binomio consigue hacerse con varias pruebas. En 1982 dan el salto a la competición internacional y se clasifican para el Campeonato del Mundo en Dublín.

1983 trae otro cambio de monta. Fargis se lesiona y es su amigo Conrad Homfeld quien compite a “Touch of Class”. Además de vencer en las Copas de Naciones de Calgary y Roma, “Touch of Class” y Homfeld consiguen terminar cuartos en la Final de la Copa del Mundo.

Equipo de EEUU ganador del oro olímpico en Los Ángeles 1984 | Fuente: Tish Quirk

Un año más tarde, y con Fargis en la silla, la pareja consiguen vencer en las Copas de Naciones de Aachen (probablemente la más prestigiosa y complicada del calendario), Washington y Nueva York. A título individual, doblegan a sus rivales en el Gran Premio de Tampa.

Sin embargo, el gran objetivo de la temporada eran los Juegos Olímpicos. Juegos que, además, se disputaban en casa (Los Ángeles). Estados Unidos envió un gran cuarteto, apodado como “dream team”. Pero, entre ese firmamento de estrellas, “Touch of Class” brilló con luz propia.

La yegua sólo derribó una barra en los 91 saltos que dio. Además. se convirtió en el primer caballo en la historia en lograr un doble cero en unos Juegos Olímpicos y en uno de los únicos 4 ejemplares capaces de ganar dos oros (individual y por equipos). Curiosamente, el oro individual cayó del lado de “Touch of Class” tras disputar un desempate contra quien fue, por una temporada, su jinete (Honfeld con “Abdullah”).

“Kittie”, como era conocida en la cuadra, fue nombrada Atleta Femenina Ecuestre del año, convirtiéndose en el primer caballo en lograr dicho honor.

“Touch of Class” batió al increíble “Abdullah”, montado, precisamente, por Homfeld 

Tras los Juegos Olímpicos, “Touch of Class” siguió en competición algunas temporadas más. En 1985, por ejemplo, se hizo con la Triple Corona de concursos indoors, al vencer en la Washington President Cup, el New York Grand Prix y el Pennsylvania National Grand Prix.

Tras su retiro pasó a la cría, dejando un sello de calidad en Estados Unidos (aunque ninguno de sus vástagos logró acercarse a sus marcas). Como curiosidad, mencionar que tiene un nieto (“Tomcat”) por el CDE “Mezcalero”. Y, además, fue cubierta por “Abdullah”.

Finalmente, “Touch of Class” fallecería en el año 2001, tras haber entrado en el Hall of Fame un año antes. La pequeña yegua dejaría tras de sí no sólo un legado casi imposible de igualar (de hecho, tras ella, sólo un caballo ha podido conseguir el doble oro olímpico) sino una bonita moraleja: a veces, simplemente, brillamos en aquellas facetas o proyectos que menos nos pensábamos. Todo consiste, simplemente, en tener fe.

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